5.1.13
Capítulo 11
Entré en la residencia, se había hecho muy tarde por lo que no esperaba encontrarme a nadie despierto. Iba de puntillas para no hacer ruido. Subí las escaleras y metí la llave en la cerradura. Estaba todo a oscuras, y al intentar ir al escritorio a poner a cargar el móvil, tropecé con la esquina de la cama. Solté unas palabras no muy agradables que digamos. La luz de la mesilla se encendió.
- Joder, que puto susto tía. - dije llevándome una mano al corazón y soltando la sudadera de él, que cayó al suelo.
- Cuánto has tardado, ¿no? Bueno, cuéntame, ¿cómo se llamaba el chico ese? ¿Estaba bueno? - me dijo Bibi incorporándose. Mi cara cambió totalmente y se me paró el alma a la vez. ¿Cómo es que se había enterado ya de lo que había pasado? Era imposible.
- ¿Qué chico? - dije yo intentando allanar las cosas.
- El de la fiesta - fruncí el ceño - con el que te has ido a pasarlo "bien" - puso un énfasis especial en esa palabra.
- ¿Cómo? No me estoy enterando - ¿de qué narices hablaba?
- A ver, tu te has ido de tu propia fiesta, que por cierto me parece muy mal porque he tenido que recoger yo todo, y te has ido con algún chico a hacer yo que se qué.
- Tía, tu estas mal ¿no?
- Ah... ¿No ha pasado eso? Pues todo el mundo cree que sí - genial, ahora todo el mundo pensaría que estaba por ahí dándole al tema con un chico - Por cierto, ¿has visto a Amelia?
- ¡Dios, tengo que hablar con ella! - fui hacia a puerta pero me di la vuelta - Y a todo esto, ¿qué haces tú aquí?
- Pues no me acuerdo muy bien... Creo que tenía que decirte algo... Pero no lo recuerdo - la miré con una ceja levantada. Parece que había seguido bebiendo después de que me fuera - ¡Ah, sí! Ya me acuerdo. No te lo vas a creer. ¿A que no sabes a quién han visto paseando cerca de aquí con una chica?
- Eh... ¿A quién? - me temía lo peor.
- ¡A tu irlandés preferido! ¡A nuestro Niall!
- AH, ¿sí? Y... ¿quién era la chica?
- Pues no losé, nadie lo sabe.
- ¿Y como saben que era una chica?
- Llevaba tacones.
- Entonces... ¿el que los ha visto se ha fijado en si llevaba tacones y no en la cara de la persona que iba con Niall?
- Aiiins, no sé... yo no estaba ahí. A mi solo me dijeron que vieron a Niall con una chica paseando por aquí. ¿Te imaginas que era una de la residencia? - Se le iluminó la cara, y a mí se me congeló el cuerpo - ¡Nos podría presentar a los demás chicos! ¿No sería genial?
- Sí, sería genial - dije soltando una falsa sonrisa.
- ¿Y si no estabas con un "supuesto chico", donde estabas?
- Pues...
*FLASHBACK*
El beso me pilló de sorpresa. Durante un segundo, no supe que hacer, ni como reaccionar. Pero rápidamente se me despejó la cabeza y aparté a Victor de un empujón.
- ¿Pero que coño haces tío?
- Creía que tu querías lo mismo... - me miró con una cara como si le hubiese hundido la vida para siempre.
- Pero Victor... Joder, ¿qué es lo que no entiendes de SOLO amigos? Tío, que eres como mi hermano. No me hagas esto...
Giré la cabeza hacia los lados, mirando si alguien se había dado cuenta de lo que había pasado. Nadie parecía que se hubiese percatado de lo ocurrido, todos seguían a lo suyo. Salvo una cara conocida, que me miraba con los ojos llorosos.
- Amelia, ¿qué has visto?
- Todo. - la cogí del brazo con intención de llevármela a algún sitio a hablar - Déjame, por favor. - Su voz sonaba rasgada, el alma se me rompió en mil pedazos mientras veía como salía corriendo del salón, llegando hasta el final del pasillo y abandonando el edificio finalmente.
Me giré de nuevo hacia Victor, que parecía no entender nada.
- Tú y yo - dije apuntándole con el dedo - ya hablaremos cuando vuelva.
Salí corriendo de la sala, siguiendo el mismo camino que había recorrido Amelia segundos atrás. Salí a la calle y empecé a correr y a gritar su nombre, pero todo fue en vano, pues no me respondía. Así seguí unos quince minutos más, metiéndome en calles que no conocía, perdiéndome en un laberinto de chalets todos iguales. Tenía que encontrarla, decirla que yo no quería nada con Victor, y que todo había sido cosa de él, que yo no la traicionaría.
Pero ya era demasiado tarde. Eran las diez y media de la noche y yo no podía más, mis pies me estaban matando.
Me apoyé en un muro blanco, de gran altura, y fui arrastrando mi espalda contra este hasta que me senté en el suelo. Me quité los tacones, encogí las rodillas y enterré mi cara en ellas. No sé cuánto tiempo pasé en esa postura, si segundos, minutos, u horas. Hoy había sido un día muy movido. Demasiadas emociones en un mismo día. Necesitaba descansar. Empecé a cantar 'Crash' de Sum 41 mientras las lágrimas caían por mis mejillas.
El sonido de unos pasos que se acercaban hizo que me callara, pero no por eso levanté la cabeza.
- ¿Es que ya nadie puede estar a solas un puto momento, joder? - dije en español, con intención de que aquella persona desconocida se diera la vuelta.
- ¿Espaniola? - dijo una voz masculina, intentando calcar mi idioma, sin conseguir decir la ñ.
- Sí, ¿algún problema? - tenía curiosidad por saber quien era el chico que se había interesado en acercarse por lo que levanté la cabeza para mirarle - Hostia puta. TÚ.
Mi mente era un sin fin de emociones. ¿Qué se supone que debía hacer? ¿Gritar, echarme a reír, sonreír como una estúpida, llorar, huir...? ¿Cómo debía reaccionar? No tenía ni idea. Lo único que sabía era que él estaba de pie mirándome, sin moverse, esperando a que dijese algo.
- ¿Qué... qué haces por aquí? - dije ya en inglés.
- Sacando la basura - respondió él levantando la bolsa que llevaba en la mano. Increíble. Increíble esa cualidad que tenía de derretir a cualquiera con cualquier cosa que decía.
- Espera... Si estás sacando la basura... Eso significa que tu casa está aquí cerca.
- Estás apoyada en ella. - mis ojos se abrieron como platos - bueno, no exactamente en mi casa, sino en el muro que la rodea.
No sabía que responder. Ahí estaba yo, en el suelo, hablando con el mejor chico del mundo. Petrificada; esa sería la palabra que me definiría ahora mismo. No podía, no puede ser, esto no está ocurriendo. Todo son imaginaciones mías. ¿Por qué narices tendría que haber bebido? Claro, ahí estaba yo, imaginándome cosas que me cruzaban los cables. Con una mano me pellizqué en el brazo, para ver si todo era real, pero el dolor aclaró las cosas. Él debería estar flipando al ver que no reaccionaba ante nada, una chica tirada en el suelo que no se movía. Entre esto y lo de las latas de Cocacola debería estar desconcertado... Pero seguro que no más que yo.
Finalmente, dejó la bolsa en el suelo y se me acercó, sentándose a mi lado. "A ver Lidia, él es un chico normal, no te va a hacer nada, y si te pones a gritar se va a asustar. Solo es un chico que se ha sentado al lado de una chica, y nada más." pensé. Pero la verdad es que una no podía hacer caso a esos pensamientos cuando tenías a menos de un metro a los ojos más bonitos del mundo.
- Soy Niall Horan - dijo mirándome y sonriendo con esa dentadura tan perfectamente imperfecta.
- Ya lo sé - dije sonrojándome. Claro que lo sabía, sabía todo de él. El soltó una pequeñísima carcajada. - Yo me llamo Lidia.
- Encantado - ahora mismo, literalmente me estaba deshaciendo por dentro. - Bueno, cuéntame qué hace una chica a las once de la noche con un vestido de fiesta, unos tacones en la mano, y lágrimas en los ojos. - Oh dios, es verdad, había llorado. Tendría todo el rímel corrido y la cara hecha un asco. Muy bien Lidia, no sé como lo haces pero siempre estás hecha un asco cuando te lo encuentras.
- Nada, cosas mías... es una tontería.
- Creía recordar que por las tonterías no se llora - Dios, era lo más adorable de este mundo.
- Eh... es que no sé si... - me miró con esos ojos tan azules que tenía, haciendo que me olvidase de todo lo demás. Como si me hubiese hipnotizado, le empecé a contar todo lo que había pasado, desde la tarde en la que fui al cine hasta el momento antes de que el apareciese. No sé cómo lo hacía, pero algo tenía él que me hacía sentir segura, que no me incomodaba, que podía ser yo misma con él y contarle mis problemas, sabiendo que el me escucharía, como si le conociese de toda la vida. Dios mío, estaba que no me lo creía.
- Por eso estabas triste esta tarde...- ahora me di cuenta.
- ¡Eras tú el del Mercedes negro! - me empecé a reír La verdad es que me imaginaba que el que iba en el coche era un chulo de gimnasio que iba a lo que quería. Si lo hubiese sabido, me hubiese quedado en el banco.
- ¿De qué te ríes? - me preguntó serio, sin entender nada.
- Cosas mías... ¿Y por qué te ibas a bajar?
- Pues te vi llorando, se me entristeció el alma y decidí bajarme para ver que le pasaba a la chica que un día estaba perdida con un mapa en las manos sentada sobre unas maletas y que tiempo después se cayó sobre las latas de Cocacola. - se rió. Pero yo en ese momento no podía respirar. No sabía si era por vergüenza o porque moría de amor.
- Eh... se está haciendo tarde - cambié de tema, no quería que me viese con una cara de enamorada subnormal - y tengo que volver a la residencia.
- ¿Residencia Hampton? - asentí - eso está cerca de aquí, deja que te acompañe.
- No no... no quiero molestar.
- No es molestia - dijo sonriendo - ¿sabes lo que le harían unos perturbados a una chica tan guapa como tú si te ven andando sola en la noche por aquí? - me miró serio y se volvió a reir. Pero yo simplemente estaba sin habla. Esto era demasiado bonito como para ser real. - es broma, aquí no hay perturbados, o al menos yo no he visto a ninguno, pero no me parece bien que vuelvas sola. - Me puse los tacones, sin dejar de alucinar, y me levanté con su ayuda - Estas helada. Toda mi sudadera. - se la quitó y yo ya no pude más. Si quería volverme loca lo había conseguido. Me la echó por los hombros y empezamos a andar. En el camino de vuelta ninguno habló. Yo agachaba la cabeza, muerta de vergüenza, mientras le miraba por el rabillo del ojo. Él andaba observando el cielo, y cuando giraba la cabeza para mirarme, yo apartaba los ojos. Juro que esto no me podía estar pasando amí. Parecía una de estas historias que las directioners crean sobre alguno de One Direction y ellas.
Llegamos finalmente a la residencia, pero yo no me quería ir. Quería seguir con él hablásemos o no, su sola presencia hacia que me sintiese como si flotara.
- ¿Sabes qué? Yo creo que tu amiga te acabará perdonando, solo tenéis que hablar. Y si no, dala tiempo. Si es una verdadera amiga, apreciará tu intención. - como si fuese un acto reflejo, me lancé a él y le abracé. Al principio se sorprendió pero me lo acabó devolviendo.
- Lo siento - me sonrojé.
- No pasa nada. Me gusta que las directioners me abracen y se sientan bien.
- ¿Cómo sabes que... que lo soy?
- Por la forma de mirarme y por como te sonrojas por cada cosa que digo. - creo que más vergüenza no podía estar pasando. Hubo un silencio de unos segundos - Bueno, yo me tengo que ir yendo que los demás estarán preguntándose por qué tardo tanto en sacar la basura - Los demás. Oh Dios. Harry. Louis. Zayn. Liam.
- Eh.. Gracias, por ya sabes, escucharme y acompañarme a la residencia.
- Ni las des. Una cosa Lidia, no le digas esto a nadie ¿vale? Es que se podría enterar gente que le de la vuelta a las cosas y complicarlo todo, y no te aconsejo que estés metida en las historias inventadas de la prensa. - asentí- Sé que puedo confiar en ti, lo presiento. - Se rió. Me volvió a abrazar pero esta vez fue cosa de él - Adiós- dijo alegremente mientras se alejaba.
- ¡Espera! - se dio la vuelta rápidamente - ¡Tu sudadera!
- Quédatela durante un tiempo. Así tendremos una razón para volvernos a ver - mostró su increíble sonrisa y continuó su camino hacia su casa.
No sé cómo describirá este sentimiento la mayoría de la gente, pero definitivamente estaba locamente enamorada de Niall James Horan. Ya no había nada más seguro.
4.1.13
Capítulo 10
De repente caía, y me estampaba contra el suelo. Vi que tenía la pierna gravemente torcida. A mi alrededor había mucha gente, todos los de la residencia, que no me ayudaban a levantarme, ni Bibi ni Am ni Meg ni Victor ni Fabián. Miraba a todos incrédula. ¿De verdad? ¿Ni aunque me rompa una pierna me ayudaréis? ¿Seguiréis pasando de mí creyendo que no me doy cuenta? Una mano me cogió del brazo y me levantó como si pesase lo mismo que una pluma. Esa persona me cogió en brazos y salió corriendo de ahí, mientras su cara se iba acercan...
Me desperté sudando. La verdad es que no suelo tener pesadillas, es más, me gustan las pesadillas, me dan un punto de vista diferente sobre las cosas. Pero este sueño hizo que el cuerpo se me encogiera y mi cabeza no dejara de dar vueltas.
Me duché rápidamente y me vestí con lo primero que pillé y bajé a desayunar. En el pasillo me encontré con Brigitte.
- Buenos días
- Eh... hola - me dijo.
- ¿Bajas conmigo a desayunar?
- Eh... claro.
De camino al comedor no volvimos a abrir la boca. Me puse en la bandeja un bol con cereales, zumo de naranja, leche y un melocotón. Y nos sentamos. Vi que ella comía mientras me miraba con el rabillo del ojo. Notó que a su vez yo la miraba de brazos cruzados sin haber probado la comida.
- Mmm... ¿no vas a empezar a comer? - me preguntó exagerando una sonrisa.
- Brigitte, en un mes he llegado a conocerte lo suficiente como para saber que te pasa algo. Bueno, a ti y a todo el mundo. Dímelo, en serio, puedes confiar en mí. Esto es una tortura.
- N...No pasa nada - soltó una pequeña carcajada mas falsa que un billete de 300 - Me voy, que llego tarde. - se levantó rápidamente, dejo la bandeja y se fue corriendo, dejándome con la palabra en la boca.
- ¿Pero que coño le pasa a todo el mundo conmigo? - me incorporé de la silla y me giré hacia todos los que estaban en el comedor, mirándome y cuchicheando - Sí, me refiero a vosotros, ¿os he hecho algo para que os comportéis de una forma rara? - Me fui corriendo a mi cuarto, cogí la mochila con los libros y salí pitando del edificio, no quería seguir ahí.
*NARRA BIBI*
Dios, que difícil era todo eso. Casi me pilla y echo todo a perder. Pero es que si me comportase como siempre seguro que acabaría soltando algo. Y Amelia y Megan me matarían. Han puesto mucho esfuerzo en esto. Pero me da pena Lidia, cree que la odiamos. Me acuerdo del día en el que estaba llorando y la consolábamos, y que ahora ella viese que estábamos como "raras" con ella podría ser muy duro y chocante a la vez. Uf... No sé si podría aguantar hasta el sábado. Tenía ganas de abrazarla y de volver a hacer las mismas chorradas de siempre con ella. Pero con lo torpe que soy seguro que metería la pata...
Menos mal que solo tendría que aguantar dos días más y ya está.
*NARRA LIDIA*
El jueves intenté evitar a todo el mundo, simplemente para no sentirme incómoda al lado de la gente. A veces se me acercaba alguien porque veían que estaba sola y yo intentaba aparentar que estaba bien. Pero no era así.
El viernes fue un poco más de lo mismo, solo que me quedé esa tarde en mi habitación sin salir. Estos días se resumían en estudiar, dormir, comer helado de Ben & Jerry's y escuchar música.
El sábado me desperté muy tarde, y me puse unos pitillos y una sudadera. Salí afuera, a dar un paseo, pero acabé cogiendo un bus que me llevase al centro de Londres. Me hinché de comida basura y como no estaba cansada, decidí andar un poco, a ver si a lo tonto y a lo loco llegaba a la residencia andando.
Caminé durante una hora y media, y cuando no podía más me senté en un banco y me puse la música. Empezó a sonar 'Stop Crying Yur Heart Out' de Oasis y rápidamente las lágrimas empezaron a caer.
No me preocupaba por si alguien me veía, principalmente porque me encontraba en una calle llena de chalets con las aceras desiertas, y sin ningún coche en la carretera que atravesaba toda la calle.
Para sorpresa mía vi un Mercedes negro, la verdad es que creía que no iba a ver a ningún vehículo ahí. Levanté la cabeza y vi como el coche se paraba a la altura del banco en el que estaba. Divisé la figura de una persona tras el cristal tintado de los asientos de atrás y noté como la puerta se iba abriendo poco a poco. Me levanté rápidamente y me adentré en el parque que tenía detrás.
Hice esto porque me había asustado, lo admito. Nunca fui muy partidaria de acercarme a desconocidos, y más si era un grosero que iba a bajarse para seguramente intentar arrimar un poco cebolleta aprovechando que había una chica triste con baja autoestima. No aguantaba a la gente que hacía esas cosas, creyendo que podría conseguir cualquier cosa.
Atravesé el parque de una punta a otra y me di cuenta de que ese era el parque en el que había estado con Megan. Al parecer no iba en mal camino. Seguí andando hasta llegar a la residencia, subí a mi cuarto y me duché. Eran las seis de la tarde. Me tumbé en la cama con la toalla aún enrollada en mi cuerpo y lenta e involuntariamente caí rendida ante Morfeo.
Me despertó el sonido de 'Welcome to the jungle' de Guns and Roses. Eran un mensaje de Amelia, quería que bajase al salón. La verdad es que no tenía muchas ganas de estar con nadie pero tenía curiosidad por saber que quería, por lo que me vestí, me peiné y bajé.
*NARRA AMELIA*
Hace quince minutos que le había enviado el mensaje. ¿Lo habría leído? Seguramente. Pero a lo mejor estaba enfadada con nosotras y no quería vernos y por eso no bajaba... A lo mejor nos habíamos pasado con lo del plan: "evitemos un poco a Lidia para no cagarla y así que sea una sorpresa más grande para ella también". De repente Victor nos avisó de que estaba bajando. Uf... Menos mal. Si no todo habría sido en vano. Le miré. Estaba tan guapo... se había puesto unos pantalones beige y una camisa azul con las mangas remangadas. Hoy era el día, Amelia, hoy te lanz...
Mi pensamiento se vio interrumpido por el ruido de las puertas corredizas que se abrían lentamente.
- ¡SORPREEEEEEEEEEESA!
*NARRA LIDIA*
Todo pasó muy rápido, en menos de tres segundos, decenas de personas de habían lanzado a abrazarme y a felicitarme. Espera, no entendía nada. Vi el salón decorado con adornos de cumpleaños, en una pared había una tela blanca que la cubría y vi una mesa con Cocacola, Fanta y cosas así, aparte de comida. Busqué a mis amigas con la mirada, que estaban al lado de la cadena de música. Se me acercaron y me abrazaron.
- No entiendo nada - dije. ¿Me habían estado evitando esos días y ahora iban en plan de amiguitos haciéndome una fiesta?
- Yo te explico todo mientras tu te vienes conmigo - me dijo Bibi - Pero espera. - Se subió a un sofá y hizo un gesto con la mano para que todos se callasen - Estamos aquí para darle una fiesta a nuestra gran amiga Lidia que este lunes es su cumpleaños y ya tendrá 17 añazos. - La gente vitoreó mientras yo me moría de vergüenza. ¿Estaba borracha? - Ahora me la llevaré a que se cambié. No acabéis la comida por favor. - Me cogió de la mano y me llevó a los baños principales de esa planta. Me dio una caja. - Ábrela - la abrí y vi un vestido negro ceñido, que llegaba como hasta la mitad del muslo, con encaje negro que salía desde el escote que llegaba hasta el cuello rodeándolo y con unas mangas francesas también de encaje negro. Abrí la boca mucho e iba a decir que no podía aceptar ese vestido, pero antes de decir nada, Bibi me tapó la boca - Es nuestro regalo, de parte de las chicas y estos tacones también - dijo enseñándome unos preciosos tacones altísimos con pinchos dorados en el tacón. - Vístete.
- Es precioso el vestido, y los tacones son alucinantes. Gracias. - dije abrazándola. Me metí en el baño de las chicas y me empecé a cambiar.
- Lidia...
- Ajá. - dije mientras me metía el vestido por la cabeza.
- Lo siento por pasar estos días un poco de ti. Es que ninguno de la residencia queríamos chafar la sorpresa de algún modo y decidimos que sería mejor que estuviésemos un poco distantes para evitar desastres.
- No pasa nada -dije sonriendo. Así que ese era el problema. Ahora todo el sufrimiento me parecía una tontería. Debí haberme imaginado que iban a hacerme algo parecido. - Pero una cosa, ¿como es que os han dejado hacer la fiesta? ¿Y cómo es que están todos los de la residencia?
- Pues mira - salí del baño - Guau. Estás pivón - si, definitivamente Bibi estaba borracha. - Pues mira, nos dejaban hacerla si no destrozábamos nada y si no había alcohol, cosa que sí que hay pero eso no lo saben los vigilantes. Pero shhh es un secreto. - dijo poniéndome un dedo sobre la boca. La verdad es que ebria era muy graciosa - Y luego han venido todos, porque la mayoría te adoran y los demás no se perderían una fiesta. Así que guay.
Me cogió de la mano y me llevó al salón. Allí vi que todo el mundo se giró y empezaron a aplaudirme. Yo estaba roja de vergüenza. Pero rápidamente todos volvieron a lo que estaban haciendo. Pasamos la primera hora bebiendo la "Cocacola" y la "Fanta de Limón" que en realidad era algún tipo de alcohol con estos refrescos, y estuvimos bailando todo el rato. La verdad es que agradecía todo esto. Era la primera fiesta en condiciones que me hacían por mi cumpleaños. Aunque me parecía raro que los vigilantes de la residencia no estuvieran... pero también, algún que otro sábado, estos se iban a pasar la tarde con su familia y cosas así.
Vi que Victor se me acercaba. No le había saludado en toda la tarde. Me lancé a sus brazos y le abracé, además de darle un beso muy sonoro en la mejilla.
- Tu vas un poco contentilla, ¿no?- me dijo susurrándome al oído haciéndome cosquillas y provocando que mi cuerpo se derritiera lentamente.
- Eso da igual. Es mi cumple. Puedo hacer lo que quiera. - me dedicó una sonrisa torcida hacia la derecha.
- ¿Quieres que te de tu regalo? - me dijo acercándose.
- ¡SÍ, SÍ, SÍ! - empecé a dar saltitos eufórica. Casi me caigo de aquellos enormes zancos.
- Vale, pero tienes que cerrar los ojos. - Resoplé y le hice caso, deseando encontrarme una tarta de chuches en frente mía o algo así. Pero, sin esperarlo, Victor acercó su cara a la mía y me besó.
Capítulo 9
Era miércoles ya. Miércoles 19 de septiembre. A cinco días de mi cumpleaños. La verdad es que nunca me gustó a ese día. Mucha gente felicitándote y agobiándote con cosas como: "¿Cuántos años ya?" "Qué mayor" o "¿Qué quieres por tu cumple, guapa?". Arrrgh. Ese día, en mí día, quería tranquilidad Estar con las amigas, ir de compras, ver alguna peli... Cosas corrientes que no volviesen tu día de cumpleaños en una tortura mental. Aunque también esto se debe a que nunca celebré mi cumpleaños en condiciones, en plan fiestorro a lo grande... Pero bueno da igual. Pero estaba un poco nerviosa porque era la primera vez que pasaba mi cumpleaños sin mi familia. Todos los años, ya fuese lunes, jueves o sábado, íbamos al centro, veíamos tiendas y comíamos fuera, y después mis abuelos y tíos venían a casa, daban regalos y tal. A veces se me hacía un poco pesado, por muy egoísta que suene; pero ya me había acostumbrado a eso todos los años, y que este fuese a ser distinto... No sé, era raro. Principalmente porque ese día no me podría saltar las clases ni nada. Así que no iba a tener un buen plan para el 24.
Ese día salimos de clase y comimos en la residencia. Las chicas subimos a nuestras respectivas habitaciones y allí cada una se cambió. Yo elegí unos pantalones color verde caqui, un jersey blanco de manga larga y como cortado a la altura del ombligo y una cazadora negra con tachuelas doradas en los hombros. Me dejé el pelo suelto y me calcé unos tacones cerrados negros.
Amelia llevaba unos pantalones granates y un jersey color beige con un reno blanco en el medio. Encima se había puesto una chaqueta también blanca que le llegaba casi hasta las rodillas.
Bibi vestía una falda larga color crema que caía recta hasta el suelo. Llevaba con esta una camiseta básica negra y una cazadora vaquera. No vi muy bien lo que llevaba en los pies, pues la falda, al ser tan larga, me impedía ver su calzado.
Megan se había ido a lo cómodo, con unos vaqueros y un jersey negro, además de unas botas del mismo color peludas por dentro.
- Parece mentira que estemos en septiembre en Londres - dije.
- ¿Por qué?
- Porque nos vestimos como si estuviésemos en África.
- Da igual, mientras no cojamos una enfermedad grave... - dijo Bibi.
Fuimos al centro de Londres y ahí nos metimos por unas calles y encontramos un cine. Nos pasamos un buen rato eligiendo la película, hasta que nos decantamos por una comedia sobre un hombre cuarentón divorciado que busca pareja en una página web. Quedaban aún unos cuarenta minutos para que empezase la película por lo que nos fuimos al Starbucks y nos tomamos unos cafés.
Pasaba algo raro, notaba a mis amigas como un poco distantes, se miraban entre ellas y hablaban muy poco. Era algo extraño. Pero decidí dejarlo pasar.
Salimos de la sesión de cine a las seis y diez. La verdad es que la película me había gustado. Mis expectativas de las comedias sobre cuarentones que buscan novia me habían fallado. Miré a Amelia. Sonreía pero algo faltaba en ella, esa chispa. Aun así, parecía mentira que ayer ella estuviese destrozada por Victor y que ahora ese momento resultase como lejano. Creo que recapacitó y pensó en que no había nada entre nosotros. Verla así, como si lo de ayer hubiese sido una pesadilla, me ponía contenta. Megan también estaba bueno, ni feliz ni triste, como era ella. La verdad es que me llevé un gran shock cuando me enteré de lo de su madre, no sabía nada sabre el tema. Pero lo llevó muy bien, como hace con todo, aunque es cierto que después de siete años sabrá como reaccionar ante esta situación.
Y Bibi... Bueno, era Bibi. Ella siempre estaba feliz, no le veía pegas a nada. No me la puedo imaginar triste. Parece que su sonrisa estuviese siempre abierta por defecto, como si el sonreirá fuese algo normal en ella. La verdad es que transmitía felicidad a todo el que estaba con ella. Pero ese día no, su sonrisa parecía de pega. ¿Qué narices les pasaba? Da igual, no iba a estropear el momento preguntándolas sobre cosas de las que a lo mejor no querían hablar. Porque un día malo lo tiene cualquiera.
Pero decidí romper el hielo con otro tema.
- Oye, chicas, he pensado una cosa. A ver, todos los años, por mi cumple, solía ir al centro con mi familia, y después ir de compras, comer fuera, etc. Y este año no estaré con ellos, pues había pensado que podríamos hacer nosotras ese plan. Pero el sábado 22, ya que el 24 tenemos clases.
La tres se miraron y tardaron un poco en responder.
- Yo es que... no puedo - dijo finalmente Am.
- Ni yo. - complementó Bibi agachando la cabeza.
Miré hacia Megan, a ver si ella podía estar conmigo en ese día.
-Tengo que estudiar - dijo rápidamente al notar que la miraba.
- ah, vale
Intenté aparentar que estaba bien lo que quedaba de tarde pero la verdad es que el hecho de que ninguna fuese a pasar la celebración de mi cumpleaños conmigo me chocaba mucho. Porque joder, ellas sabían que era mi cumpleaños, el primero sin mi familia, y podrían haber hecho algo para intentar estar. Suena egoísta, pero me sentaba mal que se lo tomasen a la ligera. Y si no, que hubiesen propuesto otro día o me hubiesen dicho algo mas tranquilizador. Pero lo que dijeron así, sin más, me tocó la fibra un rato.
Y no solo eso, si no que el resto del día intentaban aparentar que todo seguía normal. Pero yo sabía que no, que a ellas les pasaba algo. Pero no solo a ellas, sino a todo el mundo. Todos los de la residencia estaban raros conmigo. Bueno, hagamos que Lidia se sienta incómoda. Olvidemos lo duro que es estar un año fuera de casa sin nadie al que conociese de verdad. Viva.
Ese día me dormí maldiciendo suavemente a varias personas. ¿De verdad les había hecho algo tan malo a todos?
3.1.13
Capítulo 8
Bajé a cenar. Hace media hora había dejado a Megan en su cuarto para que se diese una ducha y se "purificase".
Vi a Victor dado de espaldas y fui corriendo hacia él, le tapé los ojos y dije: "¿Quién soy?"
- Mmm un hombre manco.
- Jajaja imbécil. ¿Como te va a poder tapar los ojos un hombre manco?
- Pues no sé, con los pies.
Me reí ante su comentario y fui a por una bandeja para la comida. Hoy había pasta de primero y de segundo huevos fritos con pisto. Me puse de todo y vi como solo Victor se ponía la pasta.
- ¿No te gustan los huevos, ni el pisto? - le pregunté asombrada. La verdad es que muchas veces no entedía como a la gente no le podía gustar algo tan simple como un huevo frito, pero bueno, para gustos los colores.
- No me hace mucha gracia.
- Pues échate y luego me lo das a mi.
- Eres una puta gocha.
- Pero me amas - le respondí dándome la vuelta para ir a la mesa.
- Pues sí - dijo Victor, pero yo ya me había alejado lo suficiente como para no oírlo.
Al poco tiempo llegaron Bibi, que se puso enfrente mío, y Amelia, que se sentó en frente de Victor.
- ¿Qué tal la química? - pregunté a Am.
- Bastante bien, he hecho varios ejercicios y solo he fallado uno.
- ¡Genial!
- Por cierto, mañana tenéis la tarde libre ¿no? Es que podríamos ir al cine si queréis - nos comentó Bibi.
- Yo no puedo, le prometí a Fabián que íbamos a salir por ahí, en plan quedada de chicos.
- Uuuuh quedada de chicos, no hagáis cosas malas eeh - me burlé de él. Ante este comentario el me cogió el pelo y me tiró un poco de él. - Ey, ey que era broma. Jope, que bruto macho.
Brigitte se reía, pero Amelia jugaba con la pasta con el tenedor. Vi como Megan venía hacia nosotros con una bandeja con la comida. La miré con una mirada cómplice y me sonrió. Se sentó a mi izquierda y se hizo una coleta.
- ¿De qué hablábais?
- Nada, de qué vamos a hacer mañana por la tarde.
- Había pensado que podíamos ir al cine todas juntas a ver, no sé, alguna película. - dijo Amelia sin levantar la cabeza.
- Hombre, cine- películas, películas-cine.- dijo Megan riéndose.
Terminamos de cenar y nos quedamos un poco en la sala de estar viendo The Big Bang Theory hasta que llegó la hora del toque de queda.
- Venga chicas, vámonos a dormir.
Nos levantamos y fuimos hasta la planta en la que estaban nuestras habitaciones. Esperé a que Meg y Bibi se metieran en sus respectivas habitaciones, no sin antes darlas un beso de despedida. Cuando Amelia se iba a meter en la suya la cogí del brazo. Ella se dio la vuelta y vi como tenía los ojos irritados, como si hubiese llorado, pero no mucho. Además su piel estaba ardiendo. Me miró y noté que algo la pasaba. Tiré de su brazo y entré en su cuarto. Miré si había alguien en el pasillo y cerré la puerta.
- A mi tu no me mientes. Se que te pasa algo. Cuentamelo ya. - dije mientras me sentaba en su cama. Para mi sorpresa, ella seguía de pie, de brazos cruzados.
- No me pasa nada - respondió apartando la mirada.
- Venga ya chavala. Eres transparente para mí- sientate aquí conmigo y cuenta.
- Uuf... en serio, estoy bien - la verdad es que no me lo tragaba ni por detrás. Fruncí el ceño, me crucé de brazos y me acomodé.
- Pues bueno, me quedaré aquí hasta que me lo cuentes, ya ves tu que problema.
Hubo un silencio incómodo de unos cuantos minutos en el que ninguna dijo nada. me incorporé de la cama y le cogí una mano.
- Venga, ya en serio, ¿qué te pasa Amelia? Me estoy empezando a preocupar.
Resopló y abrió la boca como si fuese a decir algo pero la volvió a cerrar. Bueno, al menos ya era algo. Se sentó en la cama y se recogió el pelo en un moño.
- ¿Sabes como se siente una al querer a alguien y ver que esta persona se desvive por otra, sin apenas hacerle caso a ella?
- Lo sé perfectamente. ¿Quién es ese chico?
- ¿Quién va a ser? ¡Está claro! - no entendía nada. ¿Quién sería? ¿Fabián? Les veía mucho juntos pero no sé... Nunca pensé que a ella le llegase a gustar él. Frunció el ceño al descubrir que no tenía ni idea de quién decía. - Victor, joder, es Victor ¿vale?
- ¿¿¿¿¡¡¡¡VICTOR!!!!???? No fastidies. Jope, pues nunca lo habría llegado a imaginar. Pero si no estáis mucho juntos.
- Ese es el problema, el pasa de mí. Es como si no existiese para él. Bueno, no tanto. Simplemente que casi ni habla conmigo y dudo que muchas veces me tenga en cuenta. Y además...
- ¿Además qué?
- ¿No es evidente? - su cara obtuvo una pose de sorpresa - ¿Aún no te has dado cuenta?
- ¿Cuenta de qué?
- Dios, tía, eres tonta. - me ofendió un poco ese comentario - Él está por ti. Se ve a la legua.
- ¿Victor y yo? Jajajaja - me reí a carcajada limpia - Eso nunca. No hay nada entre él y yo. Y además no te preocupes, ¿crees en serio que yo tendría alguna intención con él? NOO.
- ¿Pero y él qué?
- Deja de preocuparte que no va a pasar nada. Solo somos muy amigos y ya está.
Estuvimos un cuarto de hora más hablando sobre eso. Ella ponía razones y yo las defendía y la consolaba a la vez. Cuando estaba más tranquila me levanté y me fui, dejándola descansar. Entré en mi habitación, me puse el pijama, me aseé, configuré la alarma y me metí en la cama. ¿De verdad Amelia creía que Victor estaba por mí? Eso era una tontería. Solo eramos amigos, muy buenos amigos. Pero Megan también me comentó algo parecido sobre él. A lo mejor tienen razón y a él le gusto... O no. Lo más probable era que simplemente se estuvieran rayando la cabeza. Me dormí pensando en esto, que aunque no veía posible que Victor sintiese algo por mí, me desconcertaba un poco. Y lo peor, ¿sentiría yo algo por él?
2.1.13
Capítulo 7
Ya habían pasado dos semanas desde aquel nefasto 31 de agosto. Las clases ya habían empezado y las verdad es que todo me iba muy bien. A la hora de estudiar, no me resultaba muy dificil pues siempre tuve facilidad con los estudios. Además era el primer trimestre y el primero siempre resulta el más fácil. En clase me había tocado con todas las chicas y con Victor, al que trataba como un hermano. Era mi mejor amigo de ahí. Si en algún momento sospeché que él tonteaba conmigo, estaba equivocada, solo pretendía ser majo. Y lo consiguió pues ahora era como el tipico amigo con el que nunca saldrías porque no, porque solo amigos y ya esta.
Megan me decía que estaba loco por mí, pero yo se lo negaba, además, creo que en el hipotético caso de que Victor hubiese querido algo conmigo ya se hubiese lanzado.
Con mis amigas de España seguía hablando, aunque ya no era algo diario. Pero no las culpaba, pues entendía perfectamente que a lo mejor se volvía un poco pesado el llamar a todas por Skype casi todos los días. Por lo que ahora habíamos quedado en hablar por Whatsapp y que cuando se reuniesen todas juntas en una casa ya me llamarán para hacer una video llamada.
A diferencia de esto, con mis padres hablaba un día sí, un día no, pero era para hablar de lo típico: de ls estudios, la comida, la gente, si iba bien de dinero, etc.
Y también hicimos lo que dijo Bibi. Un día nos dedicamos a buscar las casas de los chicos de One Direction. Íbamos todas, pero a Megan no le hacía especial gracia gastar su tiempo en algo que no le gustaba, o al menos eso decía ella. Pero aún así el resultado fue nulo. Nada. No encontramos nada. Parece que los famosos sabían como ingeniárselas para esconderse de los paparazzis y de su fandom.
El lunes diecisiete tenía mi primer examen. Sí, algo raro el empezar con exámenes ya la segunda semana, pero aquí los ingleses daban las clases muy rápido y los exámenes llegaban aún más rápido. Esa mañana me levanté más pronto de lo normal para repasar un poco antes del control, que era a primera hora. Me vestí con una camisa blanca, un jersey gris jaspeado encima y unos vaqueros y me bajé al comedor. Me preparé un café y subí de nuevo a mi habitación. Nada mejor que repasar química a las seis de la mañana.
Estuve repasando los conceptos hasta que dieron las ocho. Cogí mi archivador, mi mochila, las llaves, el móvil, y el dinero. Me hice una trenza mas o menos bien hecha y me calcé unos botines con tacón. Me puse la cazadora y salí rápidamente.
Me encontré a Bibi en el pasillo. Tenía ojeras en los ojos, de haberse quedado estudiando hasta tarde, pero su sentido hipster por la moda no la había fallado. Pues a pesar de estar más adormilada que un oso perezoso, seguía igual de mona que siempre. LLevaba un jersey beige claro con un gran bigote negro dibujado en él y unos pitillos rotos y deshilachados por las rodillas con el estampado de la bandera de América. Todo esto conjuntado con unas Superga negras bajas y una cazadora vaquera. Me pregunté si pasaría frío solo con esa chaqueta.
- Hola muñequita, ¿estudiaste mucho ayer? - le pregunté mientras bajabamos las escaleras. Me miró con el ceño fruncido.
- ¿Que si estudié mucho? Vamos, estoy de la química hasta las santas narices. Pero bueno, creo que ha merecido la pena y sacaré un ocho por ahí.
- Pues está bastante bien para haber empezado a estudiar ayer a las siete de la tarde.
- Ajá. Por cierto, - Su cara cambió y me miró con una amplia sonrisa, que en verdad, daba miedo - me he enterado de que el cumple de una amiga mía es en siete días.
La miré, y ahora fui yo la que frunció el ceño.
- Como se os ocurra montarme alguna fiesta o alguna sorpresa de ese estilo juro que os mato.
- No jures si sabes que no lo vas a cumplir.
Echó la cabeza hacia atrás, soltó una pequeña risa, miró su reloj y empezó a andar rápido.
- Hey, ¿pero a dónde vas? - le grité desde un lado de la calle.
- Son las ocho y dieciocho y tenemos que llegar al instituto en doce minutos si no queremos perdernos el examen. ¿A qué estás esperando? - me respondió a gritos desde unos diez metros de distancia.
Ante esto mis piernas se activaron y empecé a correr rápidamente.
*Martes 18*
El examen me había salido sublime, y al parecer a Bibi y a Megan también, pero Amelia decía que iba a suspender, y estaba muy preocupada por su nota, pues prometió a sus padres que iba a sacar muy buena nota, y si no, estos la mandarían de nuevo a casa. Un poco estrictos, pero la verdad es que era una buena forma de que Amelia se pusiese las pilas. Aunque es cierto que si sacaba mala nota no era porque no había estudiado, sino porque no entendía muy bien la química. Pero pometí ayudarla así que esa tarde quedamos a las cuatro y le expliqué todo. Dos horas después ya entendía casi todo, y la verdad era que le gustaba la química.
Le dije que me iba a correr, ya que hace tiempo que no hacía ejercicio.
Me dio mil y una gracias y salí de su habitaión.
Entré en la mía, me puse un pantalón gris de chándal de Hollister, una camiseta básica blanca y una sudadera granate. Me hice una coleta y cogí las llaves. Pasé de coger el móvil para no estar pendiente del chat.
Estuve corriendo durante una hora por una zona cercana a la residencia, hasta que me cansé y me adentré en un parque a ver si encontraba una fuente de agua. De repente vi una mata de pelo larguísima y rizada de un color negro puro que sobresalía del respaldo de un banco. Me senté al lado de la chica.
- De todos los lugares que pensé que podrías estar, donde menos esperaba encontrarte era aquí.
- Ya, me apetecía estar sola en un lugar apartado - respondió Megan con un tono bastante serio.
- ¿Y a qué se debe esa soledad?
- Hoy hace siete años que murió mi madre.
Giró su cabeza y me miró con los ojos más negros que nunca había visto. La verdad es que me sentía como una estúpida por haberla interrumpido y por hablarla en un tono burlón, pero es cierto que no conocía la situación. Bajé la mirada sin saber que decir.
- ¿Sabes? Al principio no fui muy agradable contigo. La verdad es que creía que eras una niña pija y consentida que solo iba a hablar de los chicos esos del grupo que te gusta y de ropa. Además me vuelvo muy protectora, y creía que eras una amenaza. Desde que se fue mi madre adopté un papel muy independiente.-hizo una pausa- Estaba equivocada contigo. Has demostrado ser una gran amiga y por muy obsesionada que estes con ese grupo, no resultas cargante. Asi que... lo siento.
Desde el primer día llevaba esperando este momento, aunque desde hace tiempo no le había dado importancia ya que nos llevábamos realmente bien.
Sabía lo dura que era Megan, y que soltase sus cosas más interiores de esa forma tenía mucho valor para mí.
Le agarré la mano para que supiese que estaba con ella, que no la iba a dejar.
- No tiene importancia, los hechos demuestran más que las palabras. Tu me apoyaste a mí cuando estaba mal. Yo te devolveré el favor.
Y nos quedamos así, en silencio, disfrutando cada una de la compañía de la otra, sin nada que decir, agradeciendo ese momento de tranquilidad, hasta que llegó la hora de irse.
1.1.13
Capítulo 6
*NARRA MEGAN*
- ¿Donde está Lidia? - preguntó Amelia.
- La verdad es que no lo sé. Salimos a comprar unas cosas, y buah ahora os cuento una cosa graciosísima que nos ha pasado, después subimos a su habitación, me fui a la mía, me eché la siesta y bajé. Y ya no la he vuelto a ver.
- ¿Qué pasó? - dijo Bibi.
Les conté lo del supermercado, y lo de la caída sobre las cocacolas con máximo detalle. Laverdad es que fue algo muy gracioso, la cara de los chavales esos era genial. Creo que nos tomaron por locas. Pero a Bibi parece que no le hizo tanta gracia.
- ¿VISTEIS A NIALL Y A ZAYN Y NO ME LLAMASTEIS? Podríais haberme esperado y yo me hubiese acercado a por una foto. Joder, una única oportunidad echada a perder.
- Pero es que pasó el accidente y Lidia quiso salir cuanto antes posible. Tendríais que haberla visto. Se moría de vergúenza, estaba roja como un tomate. Dijo que no lo había pasado peor en su vida. Y yo creo que nunca me había reído tanto. Jajajaja. Me río solo de pensarlo.
Amelia se levánto rápidamente de la silla y dejo la bandeja.
- Voy a verla a su habitación. Debe estar fatal por dentro. Yo también me sentiría así. Además es raro que no haya bajado a cenar, con lo mucho que come...
- ¿Quieres que te acompañemos?
- Sí, mejor que estemos todas y veamos qué la pasa.- ante esto nos levantamos y nos dispusimos a ir hacia la habitación pero en el camino aparecieron Fabián y Victor.
- ¿Ha donde vais chicas? - preguntó Victor.
- Eh... vamos a ver... a Lidia - dijo Amelia poniéndosele los mofletes de un colos rosado - que aún no ha bajado a cenar.
- Sí quereis podemos acompañaros.
- Eh... no. Mejor que vayamos sólo nosotras. Gracias.
Amelia bajo la cabeza y empezó a andar rápido hacia el ascensor. Miré a Bibi. No sabía qué pasaba, pero tenía una pequeña sospecha sobre cuál era la razón de que se hubiese comportado así.
Llegamos a la habitación y vimos la puerta entreabierta.
*NARRA LIDIA*
De repente vi como alguien levantaba las persianas de mi cuarto, abría las cortinas y encendía la luz. "Como sea una de las de la limpieza juro que entro en fase Pokemon..." pensé. Pero para mi sorpresa eran Megan, Amelia y Bibi.
- Cielo, ¿qué te pasa? - se preocupó Brigitte.
- ¿Qué hora es? - pregunté frotándome los ojos.
- Las ocho y media. ¿Pero me quieres responder? ¿Qué te pasa?
- Nada...- me incorporé y agaché la cabeza - Todo.
- Cuéntanos.
Las miré y las lágrimas volvieron a salir de mis ojos. Las expliqué que estaba super deprimida. Que echaba muchísimo de menos amis amigas, que creí que iba a ser fácil viéndolas cada día o casi todos por Skype, pero no era así. Notaba que estaban lejos y que con el paso del tiempo cada vez hablaríamos menos y que me acabarían olvidando. También les dije que a mi familia también la extrañaba. Que un año entero fuera de casa iba a ser mucho. No me había acostumbrado aún a todo esto, y eso hacía que a veces me sintiera perdida y me entrara la llorera. Además les conté lo que fue la gota que colmó el vaso. Hace dos horas me había llamado Pablo porque quería que volviesemos. El muy gilipollas no se había enterado de que me había ido a Londres, y la razón por la que quería volver a tener algo conmigo era porque la furcia de dos años menos por la que me dejó seguro que ya no le aguantaba. Y dios, si pudiese matarle lo hubiera hecho hace tiempo. No le aguantaba. Esa forma de utilizarme y de tratarme como un objeto me ponía loca. ¿Pero dónde se ha visto que el respeto y el derecho de una mujer estuviese tan rebajado? Y lo peor de todo es que Pablo seguía sin entender del todo por qué me había cabreado y por qué no quería saber nada de él. Y también en el fondo sabía que le seguía queriéndo, o al menos una pequeña parte de mí quería volver a estar con él. Pero la otra parte, bastante grande, le tenía muchísimo asco, y eso me mantenía a raya ante él. A todo esto añadí que era una imbécil por haber tenido a varios metros a una de las personas que más quiero y que más idolatro en el mundo y no haberme acercado a decirle como mínimo un simple "hola". ¿Que qué persona, qué clase de persona, derrocha esa oportunidad? Les expliqué que One Direction para mí eran mi mundo entero. Que su música me ayudó a salir adelante. Que lo que más deseaba en este mundo era conocerles y pasar una tarde junto a ellos. Que me llenaban por dentro al oír sus voces, que daría todo por ellos, pero que por mi maldita vergúenza había provocado mi propia miseria.
Terminé mi propio monólogo y vi que todas me miraban, y a Bibi se le habían saltado las lágrimas. Mientras les había contado todo eso, no habían dicho nada, solo se habían dedicadoa escucharme. Para mi sorpresa, Megan se lanzó a mí y me abrazó, y a esto la seguieron las demás.
- Vamos a estar aquí para todo, ¿vale? Y tus amigas te quieren mucho y alomejor perdéis un poco el contacto, pero cuando vuelvas a España estarán deseando verte. Esto no es sólo duro para tí, pues a mí también se me hace difícil pero hay que superarlo, ¿vale? - asentí mientras Megan me secaba las lágrimas.
- Y Pablo es un completo gilipollas. Olvídate de él que no te merece. ¡Anda que no hay chicos aquí en Inglaterra! Además los ingleses están obsesionados con las españolas así que un pivón como tú tendrá a los chicos así. - dijo Amelia mientras hacía un gesto con las manos que significaba "mucho"
- Además, respecto a One Direction yo también estoy loca por ellos y a veces siento que me muero al pensar que puede que muera sin verlos o sin tocarles o sin casarme con Harry - rió Bibi - pero da la casualidad de que vivimos cerca de sus casas, o así dicen en twitter, y haremos lo posible para que algún día nos los encontremos, que recuerda que aquí Directioners hay dos.
- Tres - dijo Amelia sonrojandose.
Bibi y yo la miramos con los ojos muy abiertos. Nos miramos y empezamos a chillar.
- No me digas que voy a tener que aguantar a otra fanática loca por esos cinco tíos... Joder, vaya mala suerte que me toca... - dijo Megan a la vez que se reía.
- Es que como esas dos estaban tan emocionadas por ellos, pues empecé a investigar un poco y no sé... son adorables.
Este era uno de esos momentos que sabía que no iba a olvidar nunca. Me tranquilicé y las miré alegremente.
- Gracias por todo chicas, teneis razón en todo. No debo preocuparme por nada si os tengo aquí ahora.
- Eso es lo que queríamos oír, ahora vuélvete a dormir tranquilamente para que mañana estés bien despierta y sin ojeras, que tocará madrugar.
- ¡Hostias, es verdad! ¿Y yo que me pongo? - dije mirándolas con una cara de perdida mientras ellas me sonreían.
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